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El amor como
fundamento de la salud física y psíquica
Conversando con Humberto Maturana (*)
"Llegué a Humberto Maturana después de una larga historia de estudio y práctica pedagógica, y a la vez de actividades terapéuticas como psicopedagoga. Yo venía con muchas dudas sobre mi quehacer.
Tenía la intuición de que el ser humano necesitaba de un espacio afectivo para su realización integral. Me parecía que no bastaban las distintas metodologías educativas por potentes que parecieran para obtener tal realización, y hallaba que los niños quedaban atrapados en la búsqueda externa de su identidad.
Me encontré aislada y en gran medida rechazada en mis intentos de cambiar el modo tradicional de relacionarse con los niños y niñas en el colegio. En esa época yo me apoyaba en Carl Rogers A., Abraham Maslow, Aarón Hillman, Friz Perls, George Brown, Reuven Feuerstein, Víctor Frankl y muchos otros estudiosos del tema sobre el fundamento de lo humano. Ellos daban validez a mi trabajo y yo usaba sus enseñanzas, al mismo tiempo que me preguntaba por qué sus aportes no eran más aceptados y aplicados en la práctica docente. En el fondo, yo necesitaba encontrar a alguien que pudiera fundamentar mi modo de ver el tema de la educación de manera científica, y dudaba de la validez de mi visión pedagógica, precisamente por no tener tal fundamentación.
Antes de conocer personalmente al Dr. Maturana, había leído El Árbol del Conocimiento, libro que me conmovió profundamente, al mostrarme que el tema de las emociones, en particular el amor, podía ser seriamente tratado por un científico. Me encontraba tan impactada que me contacté con la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile para conversar con el Dr. Maturana quien, para mi infinita sorpresa, me dijo que fuese a verlo inmediatamente, en un gesto de apertura que fue para mí su primer enseñanza.
Yo tenía una formación humanista y me sentía profundamente alejada de lo que estimaba era el pensar científico. De modo que mis preguntas fueron desde el comienzo muy básicas y surgieron desde mi ignorancia. El Dr. Maturana me escuchó siempre y contestó mis preguntas con cuidado, sencillez y profundidad, como si se tratara de las preguntas más importantes. Esa fue su segunda enseñanza.
En mis conversaciones con el Dr. Maturana, él surgía siempre revelador e inspirador, y parecía ver directamente el ámbito de mis dudas e inquietudes, contestando mis preguntas de manera tan liberadora que me conmovía aún más (esto, sin embargo, no me pasa a mí solamente, sino que le ocurre a otros alumnos en sus clases). En estos encuentros hallé los fundamentos que buscaba. A modo de ejemplo, presento alguno de ellos:
Los fundamentos de lo esencial.
Las emociones, como fundamento central en la visión humana. Sin duda, yo había leído mucho sobre las emociones, pero el análisis que el Dr. Maturana hace, mostrando su naturaleza como dominios de conducta relacionales y disposiciones corporales que especifican el dominio de las acciones en que una persona se mueve, me han permitido verlas en su operar como aspectos básicos del convivir.
Las emociones sustentan el razonar al definir el espacio en que el razonar tiene validez. El tomar conciencia de esto me ha permitido reconocer la emoción desde donde el otro u otra hablan, oír plenamente lo que dice o ver lo que de hecho hace en la relación. Sin duda, esto lo hacemos mucho en la vida cotidiana, pero el saber que la emoción sustenta a la razón permite ampliar el escuchar conscientemente y sin prejuicios.
El reconocer al amor como la emoción que funda lo esencial, en tanto se lo reconoce en la vida cotidiana como el dominio de las conductas a través de las cuales el otro u otra surge como legítimo otro en la convivencia, lo saca del dominio de lo ideal o de las virtudes inalcanzables, y le devuelve el carácter biológica básico y cotidiano.
El amor, he podido reconocer, es el fundamento de la salud fisiológica y psíquica, pero, además, está en lo relacional del bienestar y la estética.
El amor tiene muchas dimensiones que van desde conducirse con el otro, quien surge como un legítimo otro con uno, por ejemplo en la calle, al dejarle pasar, hasta el enamoramiento en que se quieren todas las dimensiones relacionales posibles como dimensiones de conciencia en que el otro surge como legítimo otro con uno. Quien entienda esto experimentará una transformación al descubrir, por ejemplo, que en la amistad y en la vida de pareja hay solo una diferencia dimensional y que en ambos casos participan todas las dimensiones del vivir, desde lo espiritual a lo corporal.
La salud psíquica y fisiológica dependen en su fundamento de la biología del amor. Sin duda, el reconocimiento de la participación del amor en el bienestar psíquico y fisiológico humano no es nuevo, pero para mí fue ampliamente enriquecedor ver los fundamentos de esto en la Biología, al reconocerle al amor su carácter biológico fundamental. Mucho se habla del amor como una virtud, como algo especial y de alguna manera inalcanzable. Lo que el Dr. Maturana hace es mostrar la emociones en su carácter relacional como fenómenos biológicos, y desde allí ver al amor como algo simple y sin misterio, que hace posible el vivir humano en la salud espiritual, psíquica y fisiológica, al hacer posible un vivir desde el respeto por sí mismo y por el otro.
La reflexión sobre el propio emocionar, y no el control de las emociones, es lo que permite romper la conservación recursiva del sufrimiento. Como enfatiza el Dr. Maturana, vivimos una cultura que niega las emociones y, desde ese negarlas, genera sufrimiento.
Pedimos a nuestros niños que controlen sus emociones, con lo cual las negamos, pues las emociones no se pueden controlar, ya que son el fundamento del fluir del vivir. Pero sí podemos mirarlas, y al hacerlo, abrir camino al cambio que permite recuperar la libertad reflexiva y de acción responsable que cualquier apego emocional niega.
La actitud amorosa, al aceptar la legitimidad del otro, lo ve; de modo que en el ser responsable, al actuar uno desde uno, el otro es acogido y no negado. Uno es responsable en su conducta cuando uno mira las posibles consecuencias de sus actos, y actúa según uno quiere o no esas consecuencias. Uno no tiene acceso al ser del otro, sino que sólo a cómo éste aparece ante uno, de modo que en la conducta responsable, la presencia del otro es según cómo uno la ve. Si me relaciono con el otro en el amor, mi visión es amplia y veo más dimensiones que si no lo hago desde allí. Mi conducta responsable revela mi responsabilidad, pero no asegura el bienestar del otro. Al mismo tiempo, en tanto me relaciono con el otro desde aceptar su legitimidad, lo o la veo en una amplitud poética que abarca mucho más que si no lo hiciera, y es posible que mi conducta responsable, de echo, abra paso, sin buscarlo, al bienestar del otro, aún si lo niego.
El descubrir que no hay contradicción, siguiendo las ideas del Dr. Maturana, que cito a continuación, entre lo biológico y lo espiritual, entendí la experiencia espiritual como una ampliación de la conciencia de pertenencia en un ámbito mayor que el de la propia identidad, ya sea en el dominio humano, biológico o cósmico.
"La experiencia espiritual es una experiencia de expansión de la conciencia de pertenencia a un ámbito más amplio que aquel del entorno particular del propio vivir. Este espacio mayor puede ser la comunidad humana a la que se pertenece, el ámbito vital de la biosfera, el cosmos como el dominio de toda existencia, etcétera. En la experiencia espiritual, el que la tiene se vive a sí mismo como sin límites, en ese ámbito de conciencia expandida. La experiencia espiritual no se distingue desde la razón ni queda señalada en la descripción, sino que pertenece a la emoción y sólo es connotable como una experiencia de unidad de un ámbito más amplio que aparece como expansión de la conciencia de ser. La experiencia espiritual es diferente de la experiencia religiosa porque no se asocia a ninguna doctrina ni a ninguna proposición de la realidad que pueda preexistir en la cultura que venga después.
La expansión de la conciencia de pertenencia (la experiencia de unidad con el todo) que la experiencia espiritual es, amplía la sensibilidad, abre la visión, suelta el apego. En la experiencia espiritual y en el cambio que trae consigo, mientras este cambio dura, se amplía la mirada poética de la existencia, y el que la vive se hace visionario, ve donde antes era ciego.
Entendida así, la experiencia espiritual es una expansión del amor".
Para concluir, desearía insistir en los dos caminos explicativos: el de la objetividad sin paréntesis y el de la objetividad con paréntesis, que amplían la capacidad reflexiva en el desapego. Permiten mirar, en el propio vivir, en el acto que libera, en la responsabilidad y, en fin, en el comprender, que la inteligencia tiene que ver con las emociones, profundiza en la única emoción que amplía la inteligencia: el amor.
Todo el saber acumulado ha logrado una coherencia operacional que enriquece la práctica profesional, sobre todo a nivel del quehacer docente.
Finalmente, en propias palabras del Dr. Maturana:
"La mirada no ve: Yo he dicho que la mirada poética abstrae las coherencias del vivir cotidiano y las presenta en otro dominio donde su sentido se hace visible de manera conmovedora y evocadora. También he dicho que la estética como la mirada poética que pone el bienestar y el placer de la armonía de la existencia el en quehacer cotidiano, es fundamental en la vida humana. Sin poética la vida humana carece de inspiración y profundidad y, en último término, carece de sentido. Sin estética, la vida humana carece de bienestar y alegría, y a lo más se vive en el ruidoso intento del entretenimiento".
La comprensión de la esencia de lo humano ha enriquecido mi vida, y la poesía y la estética, han permitido ampliar mi mundo espiritual.
Julio, 1999
(*) Selección del fragmento, Lic. Ray Dalton, presidente de Nuevos Pasos