Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

Violencia de Persecución en el País Vasco

Por Roberto Pereira (*)

Publicado en el número 81

Fragmento

Cuando quiero explicar a mis alumnos la importancia del contexto o la delgada línea que separa a menudo lo "normal" de lo "patológico" suelo ponerles el siguiente ejemplo:

"Acude a vuestra consulta un paciente contando que se encuentra muy mal porque le siguen y le vigilan con la intención de matarle. Cada día sale de casa a distinta hora, si se cruza con algún vecino nota que pasan rápido delante suyo, mirándole de soslayo y mascullando un ininteligible saludo. Antes de salir del portal mira cuidadosamente a uno y otro lado, luego va rápidamente hasta su coche. Da dos vueltas en torno a él mirando si nota algo extraño, primero por fuera y luego por dentro, y finalmente se agacha a mirar los bajos. Duda siempre al introducir y girar la llave para abrir la puerta y arranca siempre muy angustiado. No se tranquiliza hasta haber cruzado tres o cuatro calles. Se dirige a su trabajo haciendo siempre un recorrido diferente y a distinta hora, pensando en el tiempo que hace que no lleva a su hijo al colegio, ni se para a comprar el periódico en el quiosco de la esquina, ni a tomar café en el bar que hay junto a la entrada de su trabajo. Ha cambiado todas su rutinas para no dar facilidades a los que le quieren matar, nota que ha adelgazado, tiene mala cara, se está quedando sin amigos y percibe la preocupación creciente en los ojos de su familia".

Si este relato nos lo hacen en alguno de los pocos lugares tranquilos que van quedando en el mundo, enseguida pensaremos en la dosis de Haloperidol que le vamos a prescribir a este consultante. Si lo hace en mi consulta, en el País Vasco, sabré que tengo delante a una de las aproximadamente 40.000 personas que tienen su vida amenazada por el terrorismo etnonacionalista vasco

En realidad, tiene su vida amenazada el aproximadamente 50% de la población vasca no nacionalista: estos 40.000 son aquellos que se han señalado a sí mismos por su profesión o la expresión de sus ideas: jueces, policías, políticos en cualquier grado de compromiso, periodistas de medios de comunicación, participantes en movimientos ciudadanos, artistas, etc., todos ellos no afines al etnonacionalismo vasco .

Todos ellos son víctimas del terrorismo, del terror con minúsculas. Lo pongo así no porque haya diferencias entre unos y otros, o porque sea menos dañino o cruel. Lo hago para diferenciarlo del que produce un impacto mayor en muchas más personas a la vez: bombas en lugares públicos sin previo aviso que afectan a un número elevado de gente cuyo único nexo en común es que estaban allí en ese momento, tal y como ocurrió el 11 del pasado Marzo en Madrid. El Terrorismo, sea uno u otro, tienen los mismos objetivos: imponer al otro su voluntad, utilizando todos los medios que sean necesarios, sin reparar en la violencia de éstos.

A éste terrorismo con minúsculas, menos conocido pero muy dañino para una sociedad, se le ha venido a llamar en el País Vasco, Violencia de Persecución. Necesita del primero, de la violencia extrema y reiterada, ya que sin él no tendría sentido ni posibilidad alguna de tener éxito. Se trata de utilizar publicitariamente las acciones violentas –asesinatos, secuestros, explosiones, etc.- para crear un clima de amenaza y acoso que produzca una sensación de temor continuado, asfixiante, que conduzca a las víctimas al silencio, a la sumisión o la huída.

Para crear este Contexto, se usan medios directos e indirectos. Entre los directos están las amenazas verbales o escritas, la presión al entorno del amenazado para que se le aísle, los insultos, quema del coche, etc. Entre los indirectos, está el efecto multiplicador que tiene la difusión de los actos terroristas por los medios de comunicación, utilizado más o menos hábilmente por los terroristas: los atentados se producen a menudo en días previos a fechas especialmente señalados o a elecciones, tal y como ha ocurrido en Marzo en Madrid. Otro factor indirecto que ha sido enormemente perjudicial en el País Vasco ha sido la actitud de los partidos nacionalistas "no violentos": una actitud comprensiva hacia los "patriotas descarriados", "los chicos de la gasolina", que llegó a crear una sensación de impunidad y desamparo (la sensación de que quien debe defenderte mira para otro lado, algo similar a lo que ocurre con los cónyuges del progenitor incestuoso) que deja en una situación de enorme indefensión a las víctimas de esta violencia de persecución.

¿Y cuáles son esos efectos sobre estas víctimas?

Los estudios sobre las víctimas del terrorismo se han centrado en los efectos del Terrorismo con mayúsculas, el de las bombas, disparos o incendios, sobre las víctimas y sus familiares, cuyos síntomas se agrupan en la categoría del llamado Trastorno por estrés postraumático.

Los efectos de este terrorismo con minúscula, son algo distintos. Se instauran de forma paulatina e insidiosa, tiene aún menos reconocimiento social y por tanto acceden aún menos a los sistemas de ayuda y tratamiento. De hecho, uno de los objetivos de esta violencia de persecución es hacer más difícil este acceso, limitar las posibilidades de comunicación y por tanto de reclamo de ayuda.

En las víctimas de la violencia de persecución:

Aparece, con frecuencia, un sentimiento de culpa, en relación con la estigmatización social de los designados por los terroristas como "antipatriotas", designación que durante muchos años fue asumida sin críticas por la comunidad nacionalista vasca.

Durante bastantes años, incluso, a un atentado terrorista contra un ciudadano del que se desconocía su filiación se reaccionaba con una frase tópica que se divulgó notablemente: "algo habrá hecho" (1)...

Bilbao, Mayo de 2004

Notas

(**) El artículo completo se encuentra en el nº 81 del periódico Perspectivas Sistémicas (Terrorismo, AD/H.D, Independencia- Dependencia en la Pareja, El Futuro de la Terapia Familiar") correspondiente a los meses de Mayo/ Junio del 2004, en venta en kioscos y librerías especializadas de Capital Federal o por suscripción en el interior y exterior del país (en relación al exterior, contamos con el práctico y seguro sistema de suscripción on line con tarjeta de crédito internacional).

(*) El Dr. Pereira es Director de la Escuela Vasca de Terapia Familiar, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar y Asesor Científico en el exterior (Bilbao) de Perspectivas Sistémicas.

(1) N. de R.(nota de la redacción): La patética expresión "algo habrá hecho", nos recuerda los años de plomo de la dictadura militar en Argentina, en los cuales frente al terrorismo de Estado, mucha gente, aterrorizada, víctima del síndrome de indefensión adquirida, repetía como una letanía, la mencionada frase. Parece ser uno de los síntomas de cualquier sociedad que vive bajo un clima de persecución, delación y represión arbitraria y que, en su desesperación, busca una pseudoexplicación a lo que no lo tiene y que simplemente resulta ser, la expresión del efecto que genera el estar sometido a situaciones y contextos como los descriptos por el Dr. Pereira. Al respecto, recomendamos la lectura de los artículos de Carlos Sluzki, "Palabras Recuperadas, Mundos Recuperados" (Perspectivas Sistémicas nº 34 , Dic/ Feb, 1994) y "Sembrando la Violencia en la mente de los Niños" (Perspectivas Sistémicas nº 73, Septiembre / octubre 2002)

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