Perspectivas Sistémicas
LA NUEVA COMUNICACION

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Función Paterna y Familia Monoparental:
¿Cual es el costo de prescindir del padre?
Crecer sin padre: cambios y tendencias en la estructura de la familia norteamericana

por Ricardo Chouhy(*)

Dos de cada cinco jóvenes norteamericanos menores de 18 años viven, y han crecido, sin su padre biológico. Ya sea como consecuencia de un divorcio, o de nacimientos de madre soltera, un cuarenta por ciento de los menores de 18 años en Estados Unidos vive en una familia monoparental. Este cuarenta por ciento representa más de veinte millones de niños y adolescentes. La probabilidad de que un niño norteamericano de raza blanca nacido hoy, crezca junto a su padre y viva con él hasta ser mayor de edad, es de 25%. Para un niño negro, la probabilidad baja al 5%. Las familias en las que los hijos viven con su padre y madre biológicos representaban en 1950 un 43% del total de familias. En 1995 ese porcentaje bajó al 25%, y el porcentaje de familias monoparentales subió al 35% del total de familias con hijos. Esta tendencia aparece en casi todos los países industrializados, con excepción de Japón e Israel. La tasa de nacimientos de madre soltera se duplicó o triplicó en los países del primer mundo entre 1960 y 1990. En Estados Unidos, pasó del 5% al 35%, es decir un aumento del 600%, y es hoy la tasa más alta del mundo, con una proyección a 5 años de 50%. Del total de nacimientos de madre soltera, una tercera parte corresponde a madres solteras adolescentes.

En un plazo relativamente breve, la sociedad norteamericana ha producido un experimento social sin precedentes, en cuanto a cambios en la estructura de la familia. Sociólogos, psicólogos, criminólogos y economistas han intentado estudiar este fenómeno y su impacto a nivel individual, familiar y social, y de alguna manera evaluar cuantitativamente el costo de la ausencia del padre. Probablemente el trabajo de investigación más extenso, y metodológicamente riguroso es el que realizaron los sociólogos Sara McLanahan (Princeton University), y Gary Sandefur (University of Wisconsin), y cuyos resultados fueron publicados en el libro Growing Up with a Single Parent en 1994.

 

CRECER SIN PADRE: UNA PERSPECTIVA SOCIOLOGICA.

LA CONTRIBUCION DE MCLANAHAN Y SANDEFUR

Este trabajo de investigación se basó en un seguimiento de más de 70.000 adolescentes y adultos jóvenes de ambos sexos a lo largo de casi 20 años. Se estudiaron las siguientes variables: 1)riesgo de interrumpir estudios secundarios, 2)riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados (idleness) y 3)riesgo de embarazo en la adolescencia, comparando a jóvenes que crecieron con un padre, con aquellos que crecieron sin un padre. Se neutralizó estadísticamente el efecto de otras variables como raza, sexo, nivel de educación de la madre, número de hermanos, lugar de residencia y nivel socioeconómico. Resultado: El riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados es un 50% más alto para jóvenes que crecieron sin su padre. El riesgo de interrumpir estudios secundarios es un 100% más alto. El riesgo de embarazo en la adolescencia es también un 100% más alto (las consecuencias de este fenómeno trascienden lo individual y familiar: el costo de asistencia federal a madres solteras adolescentes en Estados Unidos es de cuarenta mil millones de dólares por año) Es importante destacar que el aumento de riesgo para estas tres variables no aparece en el caso de muerte del padre.

La ausencia del padre es entonces un factor de riesgo en lo que hace al proceso de transición que comienza en la adolescencia y termina en una inserción exitosa en la comunidad, lo que podríamos llamar proceso de emancipación. En un trabajo de investigación similar al de McLanahan y Sandefur, otro sociológo, Duncan Timms (University of Stockholm, 1991) realizó un seguimiento de todos los niños nacidos en Suecia en 1953, durante 18 años. Se le hizo un psicodiagnóstico a cada uno de estos 15.000 niños, a intervalos regulares. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera y que crecieron sin padre. Son convergentes con estas conclusiones los resultados de un seguimiento de más de 17.000 menores de 17 años que realizó en Estados Unidos el National Center for Health Statistics (1988 National Health Interview Survey of Child Health): el riesgo de disfunción psicológica (problemas emocionales y/o de conducta) es significativamente más alto para niños que han crecido sin padre (entre 2 y 3 veces más alto) (Dawson, 1991). Ronald Y Jacqueline Angel, investigadores de la Universidad de Texas, publicaron un trabajo en 1993 en el que evalúan los resultados de todos los estudios cuantitativos que analizaron los efectos de la ausencia paterna. Dicen: "El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño" (Angel & Angel, 1993)

EL PADRE Y LA ESCUELA

Una serie de estudios realizados por H.B.Biller (Biller,1974a; Biller,1974b; Biller,1974c; Blanchard & Biller,1971) convergen con los resultados de McLanahan en lo que hace a una correlación positiva entre ausencia/ presencia paterna y desempeño académico del niño. Así como la ausencia paterna eleva el riesgo de deserción escolar, la presencia y proximidad del padre está correlacionada con un mejor desempeño en la escuela. Blanchard y Biller compararon en este sentido cuatro grupos de niños: padre ausente con pérdida anterior a los tres años de edad, padre ausente con pérdida posterior a los cinco años de edad, padre presente con menos de seis horas de convivencia por semana y padre presente con más de catorce horas de convivencia por semana. Controlando el efecto de otras variables (coeficiente intelectual, nivel socioec. etc), el estudio muestra que las variables contacto con el padre y desempeño académico están fuertemente correlacionadas. El desempeño escolar más bajo fué el del primer grupo, con pérdida del padre anterior a los tres años de edad. Otros trabajos de investigación concuerdan con estas conclusiones (Katz, 1967; Solomon, 1969; Radin, Williams & Coggins, 1994; Lessing, Zagorin & Nelson, 1970; Santrock, 1972; Hetherington & Cox, 1978; Radin, 1981; Shinn, 1978). La variable crítica en todos estos estudios es el grado de proximidad física y emocional con el padre (no necesariamente el padre biológico, sino con la figura paterna) Es muy probable que uno de los factores que perturban el desempeño académico como consecuencia de la ausencia de la figura paterna, sea un mayor riesgo de déficit de atención y/o hiperactividad.

FUNCION PATERNA Y DELINCUENCIA: EL COSTO SOCIAL DE PRESCINDIR DEL PADRE

En Estados Unidos, 70% de los delincuentes juveniles, 70% de los homicidas menores de 20 años y 70% de los individuos arrestados por violación y otras ofensas sexuales graves crecieron sin un padre. En la comunidad negra, en la que la figura paterna ha virtualmente desaparecido, uno de tres menores de 25 años está preso o en libertad condicional. Un padre ausente es el mejor predictor de criminalidad en el hijo varón (Gottfredson & Hischi, 1990; Smith & Jarjoura, 1988; Kamarck & Galston, 1990). En los últimos 20 años, el número de arrestos anuales por crímenes violentos cometidos por menores de 20 años pasó de 16.000 a 100.000, en un período en que el número de jóvenes en la población se mantuvo relativamente estable. Episodios de violencia juvenil en los que intervienen armas de fuego aparecen con frecuencia creciente en las escuelas públicas norteamericanas. El National Center for Educational Statistics (Washington D.C., U.S. Department of Education) indica que en el año escolar 1996-1997 se registraron en escuelas 11.000 episodios de violencia en los que fueron usadas armas de fuego. En el 10% de las escuelas públicas norteamericanas hubo hechos de violencia con armas de fuego (robos, homicidios y/o suicidios).

La conexión entre ausencia del padre y delincuencia surge de numerosos trabajos de investigación (Adams, Milner & Schrepf, 1984; Anderson, 1968, Chilton & Markle, 1972; Monahan, 1972; Mosher, 1969; Robins & Hill, 1966; Stevenson & Black, 1988; Wilson & Herrnstein, 1985; Bohman, 1971; Kellam, Ensminger & Turner, 1977). Dos economistas de la Universidad de California, Llad Phillips y William Comanor, basándose en un seguimiento de más de 15.000 adolescentes que realiza anualmente el Center for Human Resources (Ohio State University), encuentran una fuerte asociación estadística entre ausencia de padre y delincuencia juvenil/violencia: el riesgo de actividad criminal en la adolescencia se duplica para varones criados sin figura paterna. Un punto interesante de este estudio, es que el impacto de una madre ausente respecto de la variable criminalidad es casi nulo, lo que confirma la especificidad da la figura paterna repecto de la conducta transgresora. Dos antropólogos, M. West y M. Konner también detectaron una relación entre ausencia del padre y violencia, al estudiar el funcionamiento de una serie de culturas diferentes. Las culturas con mayor involucración del padre en la crianza de los hijos son las menos violentas ( West & Konner, 1976)

Algunos trabajos de investigación sugieren que la función paterna tiene un rol crítico en instaurar la capacidad de controlar impulsos en general, y el impulso agresivo en particular, es decir la capacidad de autoregularse (Mischel,1961a; Mischel,1961b; Biller,1974; Biller,1976; Biller,1982; Biller,1993; Biller,1994; Biller & Trotter,1994; Haapasalo & Tremblay, 1994; Patterson & DeBaryshe,1989; Phares & Compas,1992; Herzog,1982; Snarey,1993; Lisak,1991; Lisak & Roth,1990) Esta relación entre función paterna y control de impulso tiene posiblemente un rol importante en las adicciones (Stern, Northman & Van Slyk, 1984) De hecho, 50% de los toxicómanos en Francia y en Italia provienen de familias monoparentales (Olivier, 1994)

La capacidad de controlar impulsos es necesaria para que una persona pueda funcionar dentro de la ley. Es imprescindible tener incorporada la capacidad de postergar en el tiempo la gratificación, de resistir el impulso a actuar para gratificarse en un momento determinado. Es un componente crítico de la conducta responsable del individuo en sociedad, pero no el único: es también necesaria la capacidad de registrar y tener en cuenta los sentimientos de otras personas, es decir tener capacidad de empatía. Un trabajo de investigación basado en un seguimiento de niños y jóvenes durante 26 años reveló que el mejor predictor de empatía en el adulto es haber tenido un padre involucrado. Es decir, mas que cualquier variable asociada a la conducta de la madre, la empatía, que dá la posibilidad de tener un buen registro del sufrimiento del otro, y así inhibir la agresión, es nuevamente un tema de función paterna (Koestner, Franz & Weinberger, 1990) Otros estudios confirman esta conexión entre función paterna y empatía (Sagi, 1982; Biller, 1993; Biller & Trotter, 1994)

Mas allá del efecto que pueda tener sobre el niño la falta de una figura paterna, la presencia o ausencia relativa de figuras paternas en una comunidad, lo que podríamos llamar red paterna, parece estar fuertemente correlacionada con la tasa de criminalidad. La tasa de homicidios y crímenes violentos cometidos por menores de 20 años es más alta en comunidades con una proporción mayor de familias sin padre, controlando estadísticamente el peso de otras variables como nivel socioeconómico, raza o densidad y tamaño de la ciudad (Sampson, 1992) Si se toma por ejemplo la tasa de nacimientos de madre soltera en cada uno de los 50 estados norteamericanos, y la tasa de crímen violento en ese estado (de acuerdo a datos del F.B.I.), la asociación estadística entre estas dos variables, es decir su correlación, es 0.825 (p<0.01). A mayor tasa de nacimientos de madre soltera, mayor tasa de criminalidad, con un coeficiente de correlación sorprendentemente alto (como referencia, la correlación entre tasa de criminalidad y tasa de desempleo es 0.187). Si se toma la tasa de nacimientos de madre soltera y la tasa de homicidios por estado, la correlación es nuevamente alta: 0.8565 (p<0.01). Mas aún, si se toma la tasa de nacimientos de madre soltera y la tasa de homicidios por país, utilizando datos de las Naciones Unidas para 45 países, la correlación es 0.889 (p<0.01) (Mackey, 1996).

La asociación estadística entre ausencia del padre y delincuencia es más fuerte que la que vincula a fumar y cáncer de pulmón/ enfermedades cardiovasculares.

FUNCION PATERNA: UN RETORNO A FREUD

Los trabajos de investigación citados fueron realizados por psicólogos, sociólogos, criminólogos, antropólogos y economistas, y no por psicoanalistas. Sin embargo las conclusiones de estos estudios son consistentes con formulaciones psicoanalíticas. Para Freud la idea de la paternidad constituye un salto cultural histórico de enorme importancia, ya que establece una relación directa entre función paterna y la prohibición del incesto como fundante de la cultura. Desde este punto de vista la función paterna haría posible la estructuración de lo intrapsiquico, estructuras que a su vez hacen posible la autoregulación, y el acceso a lo simbólico.

En esta formulación la función paterna aparece como el articulador del tabú del incesto en la dinámica familiar. En este sentido cabe destacar el aporte de una investigación grupal acerca del lugar del padre realizada por analistas del Departamento de Familia de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (Gaspari & Gutman, 1984; 1987) En estos trabajos se reafirma la necesidad, no solo de la función paterna en su dimensión simbólica, sino también de que su operador estructural sea un hombre. La función paterna organiza la cadena significante inconsciente, hace surgir la dimensión temporal y marca los tiempos en la familia. Se produce una inscripción del símbolo paterno que marca al hijo como varón y a la hija como mujer, seres sexuados. Desde esta perspectiva la función paterna asigna lugares y roles en la familia, discrimina la relación de alianza de las relaciones con la familia materna y por lo tanto protege el encuadre familiar (Berenstein, 1976, 1981) Promueve la salida de los hijos de la familia y les permite emanciparse y generar un proyecto propio de vida, es decir asegura la apertura de la familia al grupo social. Este proceso no se ocurre solamente en la infancia sino que es continuo a lo largo de la vida del hijo. El padre tiene un rol crítico en los procesos de iniciación y en los rituales en los que estos se apoyan para materializarse. A mayor déficit de función paterna, mayor perturbación del proceso de emancipación.

EL PADRE Y LOS DERECHOS DEL NIÑO

En 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas presentó a sus países miembros una Declaración de los Derechos del Niño. Tomó mas de diez años su formulación y preparación, y otros seis años más transcurrieron hasta que fuera ratificada por 167 países. Los países que firmaron y ratificaron este documento se comprometen a hacer informes periódicos a un comité internacional de expertos que tienen a su cargo el monitoreo de la protección de los derechos del niño. También se comprometen a denunciar violaciones de estos derechos en un foro creado con ese propósito (United Nations Committee on the Rights of the Child)

La declaración pone especial énfasis en el derecho del niño a tener una familia, y alienta a promover y proteger a la familia. Expresa específicamente que el niño "tiene el derecho de ser cuidado por sus padres" (artículo 7) y "tiene el derecho de tener una relación personal y contacto directo con ambos padres" (artículos 9, 10 y 18) Esta es una mención del derecho de tener un vínculo con su padre. Los numerosos trabajos de investigación realizados hasta el momento, que han intentado evaluar el daño que produce la falta de padre, avalan y confirman la importancia de este documento de las Naciones Unidas, y la necesidad de proteger uno de los derechos humanos básicos del niño: el de tener un padre. Los profesionales que intervienen en temas de familia tienen la responsabilidad de tener en cuenta esta declaración de los derechos del niño, y los trabajos de investigación que la respaldan.

Notas

(*) El Dr. Ricardo Chouhy es miembro del equipo de entrenadores de Cloé Madanes (Regional Faculty) en el Family Therapy Institute of Washington D.C., es Approved Supervisor del American Association for Marriage and Family Therapy. Actualmente reside y trabaja como terapeuta, supervisor y formador en la Argentina. Es consultor científico de Perspectivas Sistémicas y realiza entrenamientos del modelo del Family Therapy Institute.

Otros trabajos del mismo autor en Perspectivas Sistémicas Nº 22, 30 y 31

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