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Migración,
perdida ambigua y rituales
(fragmento)
por Celia Jaes Falicov
Trabajo(1) presentado en el VIII Congreso Nacional de Terapia Familiar de la Asociacion Mexicana de Terapia Familiar, Octubre 5, 2001, y en Conferencia organizada por CEFYP, Buenos Aires, Noviembre 10, 2001.
La Dra.Celia Falicov, Ph. D es Clinical Professor de la universidad de San Diego, California (U.S.A.) y Visiting Professor en la Tavistock Clinic de Londres.
Las limitaciones y las posibilidades de la globalización han afectado a todos los países del mundo. Grandes números de gente se mueven de un país a otro, de una ciudad a otra, y del campo a la ciudad. Las migraciones han contribuido a la emergencia de nuevas formas de familias, familias transnacionales, que viven literalmente en un lado y en otro, fragmentadas, sufriendo desventajas, y también ventajas, tanto para aquellos miembros de la familia que se van como para los que se quedan en el país de origen. Estos últimos, inmigrantes por carácter transitivo muchas veces van a consulta pero como no se han ido, no necesariamente mencionan las pérdidas y por lo tanto, los terapeutas no piensan frecuentemente que los síntomas presentados pueden estar relacionados con los cambios ocasionados por la partida de seres allegados. Una familia donde un hijo, una hermana o un sobrino se ha ido a un país lejano, donde la cotidianeidad está alterada, para algunas partes de la familia nuclear o para la familia trigeneracional, entra dentro de la definición de familia transcultural.
LAS PERDIDAS DE LAS FAMILIAS CON INMIGRANTES
Todos los immigrantes, aquellos que dejan sus países voluntariamente o aquellos que se ven forzados a buscar asilo o refugio político, aquellos que vienen de lugares cercanos o de lugares lejanos, aquellos immigrantes que son hombres, mujeres, jovenes o viejos, ricos o pobres, sufren en alguna medida u otra, alguna forma de pérdida, pena o duelo. La pérdida de la migración tiene características especiales que la distinguen de otro tipo de pérdida.
¿Cuáles son estas características?
A diferencia del inalterable hecho de la muerte, con la que yo creo, ha sido incorrectamente comparada, las pérdidas del inmigrante son a la vez más amplias y más reducidas. Son más amplias que la muerte de una persona cercana porque la migración trae pérdidas de todo tipo: pérdida de parientes y amigos que permanencen en el país de origen, pérdida de la lengua natal, de las costumbres y rituales, de la tierra misma.
Sin embargo, la migración es también más pequeña que la pérdida completa de la muerte. Comparada a la muerte, las pérdidas de las migración no son totalmente claras, completas o irrevocables. Todo se encuentra aun con vida, aunque ausente. Nada desaparece con la finalidad de la muerte. Siempre es posible fantasear un regreso eventual o una reunión futura. Además los inmigrantes rara vez se dirigen hacia un vacío social en el pais extranjero. Un familiar o un amigo generalmente espera del otro lado para ayudar con el trabajo, la vivienda o con algun consejo para esa vida nueva. Existen tambien elementos compensatorios, tales como la esperanza de mejora económica, oportunidades educacionales o nuevas libertades políticas, económicas o sociales.
Estos elementos crean emociones contradictorias: tristeza y alegría; pérdidas y restituciones; ausencia y presencia que hacen que las pérdidas sean incompletas, ambiguas, pospuestas y como alguien las ha llamado "de duelo perpetuo". Esta idea no es nueva. Ya en el siglo XVI, el médico Maimónides notó la enfermedad de la "nostalgia" que producía muchos sintomas somáticos y emocionales y encontró que la única cura era retornar al enfermo a su país natal. Estos mismos síntomas de palpitaciones, llantos, tics, temblores y lamentos aparecen en el inmigrante del siglo XXI, y en circunstancias dadas, también en aquellos miembros de la familia afectados por la partida. Quizá podemos avanzar un poco en la descripción y el tratamiento del inmigrante en el presente contexto transnacional.
(1) El artículo completo de la Dra. Falicov fue publicado en el nº 69 de Perspectivas Sistémicas, Diciembre/ Febrero 2002, el cual también cuenta con el artículo "La Familia del adolescente antisocial" de Stefano Cirillo, G. Rangone y Matteo Selvini .